Un edificio con un jardín interno. Lleno de plantas de hojas verdes lustrosas. Un par de tazas de espresso vacías. En la boca el regusto de café sólido. Este es el sabor que siempre estará lleno de tí. Hablas del fracaso como algo continuo pero soportable. Yo estoy ahí, apurando el fondo de una de las tazas que previamente estaban vacías. Empiezo a pensar que esto es un sueño lujoso, lleno de reflejos dorados. Llevas una blusa de flores rojas y hojas verde sobre fondo negro. Puedo adivinar tus hombros pálidos debajo de ella. El cabello negro. El cabello lleno de ideas.
Estoy junto a tí, acompañado del compromiso que nos aleja aún en sueños. Esperando por un adiós que, aún en sueños, se siente como la última vez que vamos a vernos. Pensando en significados más allá de los confines de la vida te das cuenta de que, lo mejor que puedes hacer es vivir plenamente este momento.
Estoy a tu lado. Pensando en tus hombros frescos bajo la blusa floral. Mirando los patrones geométricos de metal dorado incrustados en la madera de la mesa. Los vitrales en las ventanas que dan al patio. El descanso que siempre representaste en mi vida desértica y el hogar con el que me alimentaste.
Hay noticias acerca de ti en el periódico que está al lado. Detallan un fracaso muy lejano pero no quiero leerlas porque te tengo al lado y hay una lealtad hacia tí que, aún en sueños, es más grande que mi curiosidad. Mi madre, codiciosa de belleza para adherir a la familia me da una botella de perfume para deleitarnos un rato. Un perfume frutal de fresa y mango. Una botella de rojo encendido con un acabado como escarcha opaca que se hace transparente con el calor de las manos y vuelve a opacarse al alejarse del calor corporal. El logotipo en la botella es un círculo sólido dentro de un marco cuadrado unidos por una línea del lado izquierdo. Mi hermana menor me pregunta: "¿Para quién es?". Mi hermana mayor, severa, me pregunta: "¿Qué estás haciendo?".
Siento la compuerta de la vigilia abrirse e intento resistirme a ella. No quiero olvidar cómo me siento a tu lado. Me doy vuelta para hundirme en un abrazo contigo. Arrastrarte, tal vez, a la vigilia.
Despierto en la oscuridad de una noche caliente en un lecho mullido. Comienzo a fijar en la mente los recuerdos para no olvidar el sueño. Olvido inmediatamente la mayoría excepto el perfume y la frescura de tus hombros bajo tu blusa.
Duermo otra vez, esperando continuar el sueño. Retorno a la gracia de soñar que estoy afuera de un edificio con una maleta en donde caben todas mis pertenencias. Veo tus piernas desnudas y puedo besar tus rodillas. Recuerdo una película donde el escultor dice: "pechos jóvenes, redondos como rodillas". La risa me despierta muy lejos de tu recuerdo.